Monday, 30 April 2007

Cuzco – parada en el camino

Llegamos a Cuzco después de un trabajoso viaje con ganas de descansar, deshacer las mochilas y olvidarnos por unas semanas de viajes y autobuses. En nuestro primer día en Cuzco encontramos alojamiento para un mes, con derecho a cocina para hacernos sentir en casa, una academia de español, un francés dispuesto a conversar, un gimnasio, un club de kárate y un centro de niños donde necesitan ayuda. Así que nos zambullimos casi de inmediato en una nueva rutina de madrugones, clases, estudio, búsqueda del mejor lugar para disfrutar de un menú, deporte, exploraciones y demás actividades. Y la verdad es que Cuzco es una ciudad estupenda para pasar una temporadita. Con su mezcla Inca, española y cuzqueña y la belleza del valle en el que está situado, no es casualidad que Cuzco, o Qosq’o en Quechua, fuera conocido como el ombligo del mundo.

Cuzco – a stop on our way

We arrived to Cuzco after a long and difficult journey, looking forward to unpacking our rucksacks and forget for some weeks of journeys and buses. During our first day in Cuzco we managed to find a place to stay for a month, with the right to use the kitchen, to feel at home, a Spanish school, a French person willing to converse, a gym, a karate club and a centre of children that needed some help. So we dived almost immediately into a new routine of early starts, classes, studies, search for the best place to enjoy a set menu, sport, explorations and other activities. Cuzco is really a great city to linger a while. With its mixture of Inca, Spanish and Cuzqueno styles, and the beauty of the valley where it is based, it is not coincidence that Cuzco, or Qosq’o in Quechua, was known as the navel of the world.

Tuesday, 24 April 2007

Los Chanckas “Nosotros si cumplimos”

El imperio Wari desarrolló un sistema de caminos, más tarde perfeccionado por los Incas, que comunicaba la mayoría del imperio. Los caminos que recorrimos entre Ayacucho y Cuzco, a través de impresionantes valles y montañas, están más cerca de este antiguo sistema de comunicación que de las carreteras modernas. Armados de paciencia, emprendimos el camino, hacía Andahuaylas, donde paramos a dormir y repostar. Las once horas de camino hasta Andahuaylas fueron largas, pero recorrimos montañas, valles y altiplanos totalmente espectaculares. Las once horas de camino fueron también suficientes para hacernos una idea de lo inmensa y aislada que es la zona, pero por desgracia resultó ser menos de la mitad del camino.
Al día siguiente, a bordo de Los Chanckas, y bajo el grandioso lema de “Nosotros sí cumplimos” iniciamos, con más dosis de paciencia, lo que debería haber sido la segunda y final parte de nuestro viaje a Cuzco. A las dos horas de viaje la chatarra en la que viajábamos se estropeo. Nuestros ineptos conductores, después de mucho tiempo enroscando y desenroscando tuercas, consiguieron hacer una chapucilla que volvió a poner en marcha el bus y se dispusieron a atravesar, valles y barrancos, satisfechos de que el autobús ya estaba en condiciones. Nuestro sentido del riesgo se disparó y decidimos quedarnos en tierra después de una acalorada discusión con los conductores que no lograban entender nuestra preocupación. Dos horas de espera dieron resultados, y pronto nos vimos a bordo de un nuevo autobús que nos llevaría hasta Abancay, a 4 horas de distancia, donde podríamos repostar antes de continuar, una vez más nuestro viaje a Cusco. El pequeño inconveniente resultó ser que el autobús iba completamente lleno y Matthew tuvo que realizar el trayecto de pie mientras que a mi me cedieron el puesto en la cabina del conductor.
Después de esta experiencia, el resto del trayecto desde Abancay a Cuzco, nos pareció un juego de niños: el camino se convirtió en carretera, pudimos ir sentados, el autobús no se rompió en mitad de la carretera y duró solamente cuatro horas. ¡Todo un lujo! Por suerte, vamos a quedarnos un mes en Cuzco, así que no habrá más historias de autobuses por el momento.P.D. El autobús Los Chanckas parece que llegó sano y salvo a Cuzco.

Los Chanckas “yes, we fulfil our promises”

The Wari Empire developed a road system, later improved by the Incas, that managed to communicate most of the empire. The roads that we travelled between Ayacucho and Cusco, through impressive valleys and mountains, are closer to the old system of communication than to modern roads. With plenty of doses of patience, we started our way to Andahuaylas, where we stop overnight to rest. The eleven hours of journey to Andahuaylas were long, but we went through mountains, valleys and high flat areas totally breathtaking. The eleven hours of journey were also enough to get an idea of the immensity and remoteness of the area, but ended up being less than half of the way.
Next day, on board of “Los Chanckas” and under the grandiose motto “yes, we fulfil our promises”, we started, with more doses of patience, what should have been the second and last leg of our journey. Two hours later, the wreckage we were travelling in broke down. Our inept drivers, after a long time screwing and unscrewing different parts, managed to jerry rig the bus and got ready again to go through valleys and cliffs, satisfied with their job. Our risk alert alarms started to ring and we decided, after a heated argument with the drivers, who could not understand our worries, not to get on board . Two hours of wait, and we soon were on board of a new bus that would take us to Abancay, four hours away, where we could rest before continuing, once more, our trip to Cusco. The small inconvenience was that the bus was completely full and Matthew had to stand all the way while I was offered the seat by the driver.
After this experience, the rest of the trip from Abancay to Cusco look extremely easy: the gravel road turn into a proper road, we had a seat each, the bus did not break down in the middle of the road and it only lasted four hours. A luxury! Luckily we are planning to stay a month in Cusco, so there will be no more stories of buses in the near future.
P.S. The Los Chanckas bus appears to have managed to arrive safely to Cusco.

Ayacucho – cuna del Imperio Wari y Sendero Luminoso

La primera parada en nuestro ascenso hacia Cuzco fue Ayacucho, donde llegamos en tan sólo 9 horas de ascenso, en un lujoso un autobús-cama.
Ayacucho es una ciudad colonial andina, famosa por sus numerosas iglesias y monasterios, su pasado pre-colombino como cuna del Imperio Wari, su contribución a las guerras de independencia y su reciente más reciente contribución a la historia del Perú a través del Sendero Luminoso. Hasta la supresión del Sendero Luminoso a principios de los 90, la región en la que se sitúa Ayacucho estuvo aislada del resto del país, una situación que, en cierta medida continúa en nuestros días.
De acuerdo con nuestros simples cálculos, Ayacucho, con una altitud de 2750m, todavía por debajo de Cuzco, no sólo serviría de escala a mitad del camino sino que nos ayudaría adaptarnos a la altura. Ayacucho no resultó excesivamente útil para nuestros objetivos. La ciudad de Ayacucho resultó estar llena de coches y camiones antiguos que soltaban un endemoniado humo negro difícil de escapar. Como resultado, no pudimos determinar si nuestras dificultades para respirar se debían a la altura o a la polución. Como punto estratégico en mitad del camino en nuestro ascenso a Cuzco, Ayacucho resultó incluso menos útil ya que pronto descubrimos que las carreteras que conectan Ayacucho con nuestro destino son caminos sin asfaltar y que la distancia que de Lima a Ayacucho recorrimos en 9 horas nos llevaría 22 horas más….
De todas formas, a pesar de los humos negros y del largo viaje que nos esperaba, pudimos disfrutar dos días de la ciudad y los alrededores, visitando las ruinas Wari, el pueblo de Quinua y el obelisco blanco que conmemora a los héroes de Ayacucho.

Ayacucho – centre of the Wari Empire and Sendero Luminoso

The first stop in our way up to Cusco was Ayacucho where we arrived in style, in only 9 hours, in our luxurious bus-bed.
Ayacucho is an old colonial Andean city famous for its numerous churches and monasteries, its pre-Columbian past as the centre of the Wari Empire, its part in the independence wars and its more recent contribution to the history of Peru, thanks to Sendero Luminoso (Shinning Path). Until the clampdown of Sendero Luminoso at the beginning of the 90s, Ayacucho’s area was isolated from the rest of the country, a situation that, to a certain extent continues today.

According to our simple calculations, Ayacucho, with an altitude of 2750m, still below Cusco, would serve us not only as a natural stop in the middle of our journey but would also help us to adapt to the altitude. Ayacucho ended up being rather unhelpful in both fronts. Ayacucho ended up being full of old cars and lorries, which produced hellish black fumes difficult to escape. As a result, we could not determine if our difficulties breathing were due to altitude or pollution. As a strategic point in the middle of our way to Cusco, Ayacucho ended up being even less helpful as we soon discovered that the road to Cusco are non-paved paths and that the distance that we covered from Lima to Ayacucho in 9 hours would take us another 22 hours!
Anyway, despite the black fumes and the long trip awaiting us, we managed to enjoy two days in the city and the surrounding areas, visiting the Wari ruins, the town of Quinua and the white obelisk commemorating the heroes of Ayacucho.

Thursday, 19 April 2007

Y ahora... Peru

Después de varios días descansando en New Haven, iniciamos la segunda parte de nuestro viaje con destino Perú. El viaje a Lima fue sin incidencias a pesar de la gran tormenta que se acercaba hacia Nueva York y que amenazaba con grandes retrasos y cancelaciones. Siete horas de viaje, control de inmigración, recogida de equipajes, taxi y a medianoche llegábamos por fin a nuestro modesto hostal en el centro de Lima. Si alguien ha llegado a una ciudad un domingo a media noche, después de un largo viaje, se puede imaginar que la primera impresión de Lima no fue muy buena (a lo que contribuyeron los comentarios de nuestro taxista). Pero los siguientes días compensaron la primera impresión, y pudimos explorar la Lima del centro colonial, la más moderna zona de Miraflores y Barranco, tomar una perspectiva histórica en sus museos, pasear las calles y ponernos a tono con los menús callejeros que ofrecen un generoso (y sustancial) primer y segundo plato por el módico precio de un dólar. Después de estas comilonas, lo que más apetece es echarse una siesta…
Próxima parada: Ayacucho, en la sierra central, en nuestro camino a Cuzco.